Móvil y adolescentes: ¿uso intensivo o adicción?

Xavier Carbonell

AS00212

Vivimos en una sociedad en la que la emoción prevalece sobre los sentimientos. Donde la publicidad, el tipo de diversión, los valores sociales, el arte e incluso las relaciones conducen a valorar la emoción-choque por encima de la emoción-sentimiento. Chats, SMS, Whatsapps y Facebook no son más que los canales adecuados para que los adolescentes expresen rápidamente, de forma dinámica, sus emociones.

Ante el uso intensivo del móvil por parte de los chicos y chicas, cabe preguntarse si éste puede derivar en un uso problemático. Está claro que el instrumento, por sí solo, no tiene la capacidad de generar ninguna patología; por tanto, tampoco lleva asociada ninguna adicción. En todo caso, debemos preguntarnos qué es lo que hacen cuando utilizan (tan asiduamente) este ordenador en miniatura.

Qué hacen, qué no hacen

Una cosa que no hacen es hablar. Cuando el móvil se empezó a implantar en nuestra sociedad, la preocupación por la adicción al móvil se reflejaba en el incremento del coste de las facturas. Cuando se aprendió a limitar su coste, esta preocupación desapareció y se trasladó a Internet. Con la aparición de los denominados smartphones o teléfonos inteligentes, finalmente, lo que vemos es que los jóvenes hablan poco (excepto con los padres y los abuelos). De la comunicación «cara a cara» se pasó a una comunicación exclusivamente verbal (teléfono), y ahora hemos pasado a una comunicación eminentemente escrita. Ésta es una comunicación más exigente, porque tenemos que entender y transmitir el mensaje sin otros elementos comunicativos como son la expresión facial o el tono de voz. Es también una comunicación que tiene mucho de hipercomunicación, en la que es posible crear una personalidad ficticia, reinventarse, sentirse seguro y no ser esclavo o estar condicionado por la imagen corporal.

La otra actividad que practican los jóvenes con sus móviles es el juego. Juegan solos (Angry birds) o con otros (Apalabrados). Así pues, parece que estamos ante una necesidad adolescente: comunicarse con sus iguales y jugar. Lo que han hecho siempre, adaptado ahora a sus nuevos valores sociales y a las correspondientes tecnologías.

Qué hacen, qué no hacen¿Y nosotros?

A nosotros lo que nos corresponde es lo que hemos hecho siempre: acompañarlos, escucharlos, aprender de lo que saben y enseñar lo que no saben, y, naturalmente, imponer las limitaciones que toquen. La adolescencia, por naturaleza, comporta esta pasión y energía, ya sea por la música, el deporte o los amigos. Como en todas las épocas, hay modas y evoluciones: los estudiantes que actualmente son universitarios recuerdan su época en el Messenger, una tecnología ya completamente superada. Con nuestro apoyo, reconduciendo y canalizando, no tenemos por qué asistir a ningún desarrollo patológico en el uso del móvil. Si nuestros esfuerzos no tienen éxito, debemos consultar a un especialista en jóvenes, porque muy posiblemente el uso abusivo del móvil sea el síntoma de alguna otra problemática.

Artículo “Móvil y adolescentes: ¿uso intensivo o adicción?”, de Xavier Carbonell, del núm. 2 de la revista Aula de secundaria, marzo 2013

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