Educación para la ciudadanía: Una realidad incómoda

Roser Canals 

Doctora en didáctica de las ciencias sociales y catedrática de geografía e historia. Ha ejercido como profesora de secundaria entre 1985 y 2000. Actualmente es inspectora de Educación del Departament d’Ensenyament de la Generalitat de Catalunya y profesora asociada de didáctica de las ciencias sociales en la Universidad Autónoma de Barcelona. También imparte diversos cursos de formación continua en centros de primaria y secundaria sobre la toma de decisiones del profesorado para el desarrollo de las competencias básicas en el alumnado. Las principales líneas de investigación sobre las que ha trabajado están relacionadas con la enseñanza y el aprendizaje competencial y la didáctica de las ciencias sociales. Coordina el grupo de trabajo GRICCSO (Grupo de Investigación e Innovación en el Currículo de Ciencias Sociales) de la asociación de maestros Rosa Sensat. Es miembro de GREDICS (Grup de Recerca en Didàctica de les Ciències Socials) de la UAB y a su vez del Consejo de Redacción de la revista Aula de Secundaria y Dotze18.

Una vez más, el partido que gobierna plantea un cambio en la ley de educación que será la séptima reforma normativa en nuestra joven democracia. ¿Por qué tanto interés en reglamentar la educación de una determinada manera? Si nos fijamos en algunos de esos cambios como: la enseñanza del castellano en las comunidades bilingües, la educación para la ciudadanía o la enseñanza de la religión, se demuestra que se trata de una cuestión esencialmente ideológica. Vamos a centrar el debate en el tema de la educación para la ciudadanía.

2469925_xxl

La anterior ley de educación (LOGSE, 1992) planteaba la formación ciudadana a partir del respeto a los derechos y libertades fundamentales y del fomento de los hábitos de convivencia democrática y de respeto mutuo, como un eje transversal vinculado a la educación en valores. En este sentido, se recogían las directrices europeas (EURYDICE, 2005) http://www.oei.es/valores2/055ES.pdf que instaban a los gobiernos de los estados miembros a incluir la educación para la ciudadanía democrática en sus políticas educativas, con la finalidad de velar por una sociedad basada en los principios de libertad, pluralismo y defensa de los derechos humanos como fundamentos de la democracia. No aparece como una área diferenciada en el currículo a partir de la Ley Orgánica de Educación de 2006 (LOE).

En la actualidad la “educación para la ciudadanía” es una materia que forma parte del currículo de educación primaria. Se imparte en 6º curso y los contenidos tratan sobre las relaciones interpersonales y sociales, la vida en sociedad y la convivencia y los valores cívicos. En secundaria se imparte en 3º y 4º de la ESO y los contenidos tratan sobre la diversidad humana, los deberes y derechos ciudadanos, las sociedades democráticas y la ciudadanía en el mundo global. Pero no sólo se plantea como un problema o cuestión de estos u otros contenidos. Sabemos que no por fragmentar el currículum e implantar una nueva asignatura, conseguiremos formar ciudadanos más competentes. La LOE va más allá, con un planteamiento transversal que establece, a través de las competencias básicas, las finalidades de la educación obligatoria. En este sentido, la competencia social y ciudadana se concreta en el desarrollo de la capacidad para poner en práctica aquellos conocimientos, habilidades y actitudes que permitan a niños y jóvenes intervenir en los problemas sociales de nuestro mundo y ejercer, de forma responsable, los derechos y deberes de la ciudadanía.

Parecen finalidades difícilmente rebatibles en el marco de un estado y una sociedad democrática. Entonces, ¿dónde está el problema? Los sectores más conservadores consideran que el contenido del área adoctrina a los alumnos en aspectos que conciernen a la educación moral, atribución que corresponde a los padres y no a la escuela. En la misma línea, la iglesia católica se muestra radicalmente en contra del modelo de familia que se plantea y de aspectos relacionados con la educación sexual. La feroz oposición de los sectores conservadores llegó hasta el punto de llamar a los padres de los alumnos a ejercer la objeción de conciencia. El conflicto ha llegado incluso ante el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos.

En estos momentos, el ministro Wert está a punto de presentar los contenidos de la nueva asignatura de educación cívica y constitucional que, según él, no planteará cuestiones controvertidas ni será susceptible de adoctrinamiento y se centrará en el respecto a las leyes y principios constitucionales. Los aspectos controvertidos a los que se refiere el ministro tratan sobre los conflictos sociales, la desigualdad de género y la lucho contra la homofobia. Aún así, el debate se reanima ya que el Consejo de Estado acaba de enmendar varios aspectos de la propuesta de Wert, aunque su dictamen no es vinculante.

Desde mi punto de vista, se trata de un falso debate. Por un lado la libertad de elección de centro de los padres, atendiendo a su proyecto educativo, garantiza que los valores sobre los que se fundamenta la educación correspondan a sus principios y valores. Por otro lado, si creemos en una sociedad democrática y defendemos el derecho a la educación desde el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales (artículo 27 de la Constitución Española), cabe primar el modelo educativo de la escuela inclusiva. La pluralidad se expresa aceptando a todos los alumnos sin ningún tipo de discriminación , sin distinción por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, así como con el respeto a todas las ideologías y creencias (artículo 14) al amparo de los principios y valores que emanan de los derechos humanos. Por tanto, significa que en la escuela caben todos: los hijos de familias monoparentales, los hijos de inmigrantes, los hijos de divorciados, los hijos adoptados, los hijos de ateos, los hijos de familias sin recursos, los chicos con minusvalías… Entonces, es más fácil huir del debate y evitar la controversia, aunque sea consustancial a la condición humana, y no querer entender la diversidad y la pluralidad como una riqueza.

4496832_xl (2)

La realidad nos hace ver que la ciudadanía auténtica se manifiesta todos los días en la calle con manifestaciones, escraches, ocupaciones de viviendas vacías… La crisis está evidenciando que la educación para la ciudadanía es más necesaria que nunca, aunque a algunos no acepten la crítica de los que hablan por los desahuciados, por los que no tienen trabajo, por los dependientes sin recursos… se entiende que la crueldad de esta realidad les sea incómoda y que se intente silenciar con falacias o falsos debates, porqué hay quien no tiene o no quiere hablar de soluciones o alternativas.

Ser ciudadano no consiste en votar cada cuatro años; la ciudadanía se ejerce todos los días. Por ello, más que nunca, es necesario que la educación obligatoria forme ciudadanos críticos y comprometidos, capaces de comprender y analizar los problemas sociales que nos afectan a todos y capaces de proponer soluciones y alternativas a esos problemas. La crisis que estamos padeciendo no sólo es económica; es una crisis de valores y sin ética no saldremos de ella.

La educación para la ciudadanía es una realidad incómoda porque da razones a los que piensan que hay que cambiar las reglas de juego más que defender la Constitución a ultranza. Ciertamente, en democracia, la Constitución es el garante de los derechos y deberes de los ciudadanos pero cuando se interpreta de manera favorable a unos pocos en detrimento de otros muchos, es de lógica considerar que la aplicación de la democracia es imperfecta y, por lo tanto, mejorable. Los principios en los que se basa (libertad, igualdad y fraternidad) datan de 1789 pero estamos lejos de que sean una realidad.

Estas deberían ser las bases de la educación para la ciudadanía en la escuela: formar a futuros ciudadanos que se impliquen para conseguir que los principios teóricos de la democracia se materialicen en un mundo más justo, desde el diálogo y con razones y argumentos que hablen de paz, de justicia y de generosidad.

Advertisements

Etiquetes: , , , , , ,

Categories: Artículos, General

Conéctate a Aula de secundaria

Suscríbete a nuestros RSS y redes sociales para recibir actualizaciones

2 comentaris a “Educación para la ciudadanía: Una realidad incómoda”

  1. Antoni Santisteban
    12 Juny 2013 a 21:48 #

    Excelente reflexión de Roser Canals que denuncia la incoherencia de las nuevas propuestas educativas del gobierno central. Como se ha hecho desde muchas instancias y organismos, como, por ejemplo, Amnistía Internacional. La crítica de algunos sectores a la educación para la ciudadanía no es para pedir más derechos humanos y más pensamiento crítico en las escuelas, como en la mayoría de países europeos, sino para reclamar más control y más obediencia desde la educación, más respeto para un orden social establecido, sin cuestionar la desigualdad, las injusticias o el propio sistema económico imperante. Además Wert parece secuestrado por las exigencias de la iglesia española que, como en otras épocas, cree que debe dirigir la política educativa del estado. Ya lo dijo Francisco Franco: “Para qué queremos programas educativos si tenemos a la iglesia”.
    Però hemos de confiar en los maestros, en la lógica y en la ciencia, la educación para la ciudadanía es la educación para la democracia, como una utopía que debemos alcanzar y que algunos, como siempre, seguiremos caminando. Felicidades por el artículo!

  2. Gemma Verdú
    14 Juny 2013 a 10:23 #

    Da mucho que pensar que los expertos en ciencias de la educación se radicalicen en contra de este cambio educativo que usurpa en buena manera las libertades de los ciudadanos.
    Creo que es completamente necesario que en las aulas se trabaje sobre la insalubridad de nuestro sistema, de manera siempre objetiva, para que los alumnos sean capaces de construir unos ideales forjados en conocimientos y en saberes. Hoy en día podemos observar como nuestra sociedad vive al margen de la realidad, incapaz de comprender qué es lo que sucede. Continuamos creyendo a los medios de comunicación sin tener un ápice de interés por conocer si es verdad. Sin criterio.
    Necesitamos una educación por la ciudadanía que, ¡por supuesto!, hable de derechos y deberes. Pero lo que si es totalmente necesario es que en las aulas se hable de criterio propio, de reflexión, de debate y dialogo. Esta nueva ley se carga absolutamente todo lqeu tiene a ver con la reflexión.
    Como futura maestra que soy, lucharé todos los días para que mis alumnos puedan disfrutar, por activa o por pasiva, de lo que se les priva con esta nueva ley.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s

%d bloggers like this: